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Nuestra
vida
"Algo" tienen los salesianos para los jóvenes. Aquellas
monjas de la caridad tenían un "don especial" para tratar
con los enfermos. Las Hermanitas de los Pobres son un "regalo"
para los ancianos. Ese "algo especial", que se percibe como
gracia, regalo o don, es el carisma de una Congregación religiosa.
El carisma de la Familia Pasionista se expresa en la Memoria del Crucificado.
Esta memoria recuerda que no hay más dios que el Dios que se entrega
al hombre; ni más hombre de verdad que el que vive y se desvive
por los demás. En esta memoria el hombre se siente amado por Dios,
y recupera y libera lo mejor de si mismo para la entrega: la cruz ya no
irradia soledad, desesperación o noche; su última palabra
es luz, apunta a un amanecer y despierta la esperanza. La historia del
Crucificado-Resucitado es el aval de un cristiano, ahí nace su
fe. Un no creyente puede advertir también que, cuando un hombre
lleva la cruz de otro hombre, se está alumbrando ya una resurrección,
y que, donde nadie lleva la cruz de nadie -por olvido, egoísmo
o desinterés-, la soledad nos invade y el mundo se deshumaniza.
San Pablo de la Cruz, fundador de los pasionistas, nos dejó algo
más que una frase piadosa, cuando repetía: "la Pasión
de Jesucristo esté siempre grabada en vuestros corazones".
Insistía convencido: "los males de la Iglesia y de su tiempo
tienen su raíz en el olvido del Crucificado". Nos apremió
a mantener viva en nosotros y en el pueblo la memoria de la Pasión.
Toda su vida la dedicó a proclamar a los pobres el Evangelio de
la Cruz , el evangelio de la vida.
La Memoria del Crucificado, alimentada en la contemplación orante,
mantienen viva la causa de la muerte del Hijo del hombre: Cristo murió
porque los hombres matan. Pero eso no es todo: Cristo ha muerto libre
y amorosamente porque se echó al corazón y a los hombros
la cruz del hombre. La tierra en la que crece el carisma pasionista es
la contemplación y solidaridad con el Crucificado, que nos remite
a los crucificados de la tierra, y viceversa.
De esta memoria y con este carisma ha nacido la Familia Pasionista, una
familia de hombres y mujeres, religiosos/as y laicos/as dando frutos en
los cinco continentes, en más de 50 naciones. Y ahí están
las obras, generando resurrección y vida nueva, que si la cruz
no genera resurrección y vida, se ha falseado su memoria.
Si podemos apreciar que todas las congregaciones religiosas están
comprometidas con los marginados, es porque todas han nacido de la Cruz.
Aquel hombre, o aquella mujer que son los fundadores llevaban dentro el
Espíritu de Dios que un día se reveló así:
"he visto el dolor de mi pueblo, he escuchado el gemido de mi pueblo
y estoy dispuesto a liberarle."
El carisma de nuestras comunidades pasionistas, hoy lo traducimos así:
"revitalizados por la memoria del Crucificado y desafiados por los
crucificados de hoy, nos disponemos a una permanente conversión
personal y comunitaria, mediante la fidelidad a la oración, un
estilo de vida sencillo y pobre, y una búsqueda constante del diálogo
y el discernimiento para ser signos creíbles del Reino y testigos
de Dios, que reivindica la dignidad de la persona humana y el respeto
de la creación."
P ero la verdad última de un carisma no se dice con palabras;
se manifiesta en las obras. La palabras y declaraciones pueden acaparar
toda la savia de un carisma y dejarlo estéril de frutos. Por todo
esto, desde sus mismos orígenes, y hasta hoy, la familia pasionista
está llamada a vivir:
-
Las inquietudes misioneras y evangelizadoras
- El trabajo por la unión entre las Iglesias
- El compromiso con los más pobres, en géneros de pobreza
muy variados, entre los desheredados de la tierra, en el Tercer y Cuarto
Mundo.
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