El
17 de marzo de 1815,
cuatro jóvenes exprostituidas comienzan una nueva forma
de vida comunitaria centrada en la memoria de la Pasión
de Jesús.
Estas jóvenes proceden del retiro
que Magdalena había abierto en 1812, con la intención
de ofrecerles un entorno propicio en el que, a través de
la acogida y la educación, en la convivencia diaria, se
favorezca la recuperación de su propia dignidad y su reinserción
en la sociedad.
Este
pequeño núcleo será el origen de la congregación
de Hermanas Pasionistas de San Pablo de la Cruz.
"Hijas mías, deseo que no
tengáis mas que un solo corazón y una sola alma,
y que el único interés vuestro sea servir a Dios"...
(Const. 1830, 101)
La historia de María Magdalena y
la de la Congregación es un constante ir descubriendo la
voluntad de Dios en los acontecimientos de la historia y en el
encuentro con las mujeres y jóvenes más desprotegidas
del entorno.