María Magdalena Frescobaldi se sintió
fuertemente atraída por el misterio de la Pasión
de Jesús.
El amor de Dios que se revela en la Pasión
de Cristo la hizo sensible y abierta a los sufrimientos de su
tiempo.
Ella se fijó en la motivación
que llevó a Cristo hasta la cruz: el amor que le unía
al Padre y la salvación del hombre, al cual Dios amaba.
María Magdalena encontró
en la espiritualidad de San
Pablo de la Cruz una experiencia acorde con lo que el Espíritu
Santo la inspiraba y en 1817 la pequeña comunidad florentina
se insertó en la Familia Pasionista.
"La Pasión de Cristo es
la más grande y estupenda obra del amor divino y el medio
más eficaz para sanar de todo mal".