TERESA GALLIFA: UN SÍ VALIENTE A LA VIDA

El Concilio Vaticano II dice en defensa de la vida: "Dios, Señor de la vida, ha confiado a los hombres la insigne misión de conservar la vida…Por tanto, la vida, desde su concepción, ha de ser salvaguardada con el máximo cuidado. El aborto y el infanticidio son crímenes abominables." (Gaudium et Spes, 51).

Defender la vida se ha convertido en nuestra sociedad actual en un grito de esperanza, en denuncia profética, en una urgencia para el compromiso, no ya sólo cristiano, sino humano.

Defender la vida es una apremiante llamada de la Iglesia a nuestro mundo, a cada mujer y a cada hombre, desde una actitud de apoyo y acogida, de compromiso solidario con las situaciones difíciles que una mujer puede encontrar ante su maternidad.

Defender la vida fue un día la vocación, el ideal, el sueño, que dio a luz la Obra de la Venerable Madre Teresa Gallifa y Palmarola (20-VI-1850 / 17-III-1907). Teresa fue una hija ejemplar, una esposa modelo, una madre abnegada, una viuda valerosa y una religiosa enamorada de su Señor crucificado.

En una Cataluña de gran tradición católica su madre le enseña a seguir los caminos de Dios y a ser una cristiana que va madurando en el transcurso de la vida. La oración a sus diecisiete años es valiente y constante: "Dios mío, por tu Pasión, dame a conocer lo que quieres de mí. Yo no quiero hacer más que tu voluntad.".

Es apasionante en su vida, la historia de las llamadas que Dios hace a Teresa y cómo ésta va respondiendo con generosidad en todas las situaciones. A los diecinueve años ve claro, con la ayuda de su madre, un sacerdote y la oración personal, que su camino y misión es el matrimonio. Y se casa con el joven Manuel Benito Codolosa. Y tienen siete hijos.

Su hogar es una escuela de prudencia, ternura, paciencia y oración. Con su constancia, Teresa consigue que su esposo cambie su difícil carácter y llegue a ser un hombre bueno y bondadoso. Dios la somete a pruebas que culminan con la pobreza, la enfermedad y la muerte. Uno tras otro pierde a cinco de sus hijos a muy corta edad, pero, para alegría de Teresa, habiendo recibido el Bautismo. Más tarde, tras atender a una familia víctima del tifus, enferma y contagia a su esposo, quien tras una larga convalecencia no logra recuperar la salud plenamente y la deja viuda a los treinta y dos años, con dos hijos pequeños.

Teresa Gallifa debe emigrar a Vich. En los primeros meses vive de limosna…después va trabajando cuidando niños hasta que obtiene en Barcelona el título de comadrona que ejercerá con gran acierto en Manlleu y Vich.

Su oración favorita :Por tu Pasión, Dios mío, enséñame lo que quieres de mí…Yo no quiero hacer más que tu voluntad.", se convierte en el motor de su vida y de su obra. Con ella y mirando a Cristo Crucificado pide luz para ir discerniendo su vocación y valor para atender a su único hijo vivo y a la obra que es llamada a realizar. "Hágase tu voluntad" repetirá Teresa en el día a día y especialmente en todos los acontecimientos dolorosos de su vida.


 
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