Nuestro fundador: Pablo de la Cruz
Como misionero Pablo dedicará los mejores años de su vida a revelar, sobre todo a los más pobres, el amor incomparable de Dios Padre que envía a su Hijo al mundo, y el amor del Hijo que muere en la cruz como prueba suprema de la incondicionalidad de su amor. Pablo optó en su vida por lo más pobres, los marginados de los campos y de las marismas de Italia, y quiso para su congregación los mismos objetivos. Los Pasionistas son fundados por Pablo sobre el 1740, en monte Argentario (Italia). Su vida quiere ser anuncio del evangelio de la Pasión haciendo de él el centro de su testimonio profético. "Hacemos presente el mensaje de la Cruz, por medio de la palabra oral y escrita, en centros de espiritualidad, parroquias, movimientos religiosos, animación de grupos y comunidades, ejercicios y retiros, y a través de esa otra presencia que nos lleva a contemplar y participar en la pasión de Cristo prolongada en le hombre que sufre. Este es el motivo de nuestra presencia en el tercer Mundo, en las áreas más necesitadas y en la vida de la Iglesia perseguida" En los últimos años de su vida, San Pablo fundó a las Religiosas Pasionistas de clausura. Su brazo derecho en el empeño fue la madre María Crucificada Constantini. Son mujeres que sienten la llamada del Señor a ser el corazón contemplativo de la Iglesia, aliento y respiración de la sociedad orante, alegría de Dios en el mundo y comunidad que hace presente el amor del Padre en la Iglesia y en el mundo. Con el paso de los años han ido surgiendo nuevas congregaciones Pasionistas femeninas, con el vigor y el frescor del mismo carisma. Las Hermanas Pasionistas de san Pablo de la Cruz, fundadas en 1815 en Florencia por Magdalena Frescobaldi , promueven la educación integral de la persona, ayudándola a descubrir su dignidad y a creer en sus propias capacidades y posibilidades. Llevan a cabo su misión en Hogares de acogida, colegios, barrios marginados y pastoral evangelizadora. Dolores Medina es la fundadora de las Hijas de la Pasión. Mujer fuerte y emprendedora, sensible a los problemas de los pobres, consagró su vida a los demás. Junto con ocho compañeras, abrió en Tacubaya (Méjico), en 1896 un centro para la educación de las jóvenes. Las Siervas de la Pasión, en fidelidad al carisma de su fundadora Teresa Gallifa, trabajan a favor de las madres y los hijos, actuando donde corre peligro la vida de los niños/as antes y después de nacer, y protegiendo a la infancia abandonada ya a las madres que no pueden ocuparse de sus hijos/as y que los dan en adopción. Por todo esto, desde sus mismos orígenes, y hasta hoy, la familia pasionista está llamada a vivir:
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